Perdiendo la cabeza (Den Kopf verloren)

Actualizado: feb 14

Escrito por:

Juan Carlos Kram

Zürich, Suiza


[Español – Deutsch weiter unten]


Chile se ha visto estremecido nuevamente por una seguidilla de acontecimientos, que han resultado en la muerte de varias personas, en circunstancias en que se ha demostrado abierto abuso de poder por parte de la autoridad política y las instituciones policiales.


Hasta el estallido social en octubre del 2019, una gran preocupación de los chilenos eran las constantes prácticas de corrupción al interior de la policía como robos, malversación de caudales públicos, lavados de activos realizadas a través de asociaciones ilícitas en su interior. Dichas prácticas llevaron a las instituciones policiales, desde el año 2010 en adelante, a una baja notable en la apreciación ciudadana de su gestión y desempeño, tanto en su actuar público, como en los propios mecanismos de control interno.


A partir del estallido social se produce un aumento notable de la violación de los Derechos Humanos por parte de la policía uniformada chilena, reflejado en una criminalización generalizada de la protesta civil.


Estas violaciones consistieron, entre otras, en vulneración de derechos de niños y adolescentes, torturas físicas y psicológicas en centros detención, uso indiscriminado y desproporcionado de la fuerza en la represión de la protesta social, con resultado de muerte de ciudadanos en manos de agentes policiales y lesiones físicas graves y permanentes en la población civil.


Emblemáticos en este período son el daño y/o pérdida ocular causado a casi 400 personas por la policía chilena, la persecución a las comunidades Mapuche en el sur del país, la detención injustificada o la prisión preventiva de casi 2500 personas, sin que hubiese pruebas evidentes para acusarlas de algún delito, y la implementación de montajes para exculpar a funcionarios corruptos y criminales e inculpar a ciudadanos inocentes.


Los últimos acontecimientos reflejan un actuar policial que opera claramente, no sólo fuera de la ley, sino de todo acto de reconocimiento y legitimidad social. Vemos una fuerza policial que ha trastocado sus propios valores y doctrina y que ve al ciudadano común como su potencial enemigo.



Por otra parte, queda en evidencia un descontrol total de las fuerzas policiales respecto del poder civil y judicial. La policía ya no actúa más como un auxiliar subordinado de la justicia, sino que se cree en sí misma la propia justicia. Principios como la necesidad y proporcionalidad del uso de la fuerza no son respetados por los funcionarios policiales.


En este momento observamos cada vez más frecuentemente a un sujeto policial que no se ajusta a protocolos ni procedimientos internos, ni tampoco a los mandatos legales. Incluso, se atreve a considerar que el libre pensamiento de todo ser humano debe ser castigado, si no se ajusta a lo que malentiende como «orden público». Un orden predefinido y que no responde a ningún consenso social y que tiene su basamento en el Art. 101, de la Constitución del año 1980 y en términos operativos en el Decreto N° 1086 del año 1983, normas ambas creadas durante la dictadura cívico-militar.


Entonces, no es casual, que como consecuencia, estemos frente a un aumento creciente de la desconfianza de la población en las instituciones policiales, que ocurre al mismo tiempo en un contexto de mayor exigencia de respeto a los derechos fundamentales.


Por otra parte, aumenta la desesperación ciudadana por la sensación de abandono y desprotección social, que deviene en el uso de la violencia como una manera de defenderse del Estado y de sus instituciones, que perciben como represoras, en vez de protectoras. De ahí, las reacciones de masas para atentar contra bienes públicos como edificios de Municipalidades y otros.


Ya no caben dudas de la desastrosa política pública en materia de seguridad. Queda demostrada la precariedad en la formación profesional de las Policías chilenas. Urge una reforma y modernización de las instituciones policiales en su doctrina y métodos. Hay que recordar que fue el mismo Gobierno de Piñera el que planteó en su programa inicial, que esta reforma era indispensable.


No es posible que la policía sea formada doctrinariamente con la idea que los civiles son sus enemigos. Se debe redefinir el rol y función policial desde la Nueva Constitución. Se debe avanzar hacia el escalafón único, revisar toda la normativa, reglamentos y protocolos de procedimientos, entre otros aspectos, para así avanzar y restaurar la confianza ciudadana en las instituciones policiales. Se debe avanzar hacia la conformación de una institucionalidad completamente coherente con un Estado democrático, sujeta al poder ejecutivo y judicial y que no pueda ser instrumentalizada por gobiernos esencialmente de corte autoritario, como es el que ostenta el poder actualmente en Chile.



Den Kopf verloren

Geschrieben von:

Juan Carlos Kram

Zürich, Schweiz



Chile wurde erneut von einer Reihe von Ereignissen erschüttert, die den Tod mehrerer Menschen zur Folge hatten, unter Umständen, bei denen offener Machtmissbrauch durch politische Autoritäten und Polizeieinrichtungen nachgewiesen wurde.


Bis zur sozialen Revolte vom Oktober 2019 sorgten sich viele ChilenInnen über die ständigen Korruptionsfälle innerhalb der Polizei. Es begann bei Diebstahl und ging bis Veruntreuung von öffentlichen Geldern oder Geldwäsche durch illegale Vereinigungen innerhalb der Polizei. Diese Praktiken führten dazu, dass die Polizeieinrichtungen ab 2010 eine deutlich geringere öffentliche Wertschätzung für ihr Management und ihre Leistung erfuhren, sowohl in Bezug auf ihr öffentliches Handeln als auch auf ihre eigenen internen Kontrollmechanismen.


Seit der sozialen Revolte hat die Verletzung von Menschenrechten durch die uniformierte chilenische Polizei deutlich zugenommen, was sich in einer allgemeinen Kriminalisierung des sozialen Protest widerspiegelt.


Diese Verstösse bestehen unter anderem in der Verletzung der Rechte von Kindern und Jugendlichen, physischer und psychischer Folter in Haftanstalten, wahllose und unverhältnismässige Gewaltanwendung bei der Unterdrückung sozialer Proteste, die zum Tod von Bürgern in den Händen von Polizeibeamten und zu schweren und dauerhaften körperlichen Verletzungen in der Zivilbevölkerung führte.


Emblematische Beispiele für die vergangenen eineinhalb Jahre sind die Schädigung und/oder der Verlust des Augenlichts von fast 400 Menschen durch die chilenische Polizei, die Verfolgung der Mapuche-Gemeinschaften im Süden des Landes, die ungerechtfertigte Inhaftierung oder Präventivhaft von fast 2500 Menschen, ohne klare Beweise, um sie eines Verbrechens zu beschuldigen, und die Durchführung von Komplotten, um korrupte und kriminelle BeamtInnen zu entlasten und unschuldige BürgerInnen zu belasten.


Die jüngsten Ereignisse spiegeln ein polizeiliches Vorgehen wider, das eindeutig nicht nur ausserhalb des Gesetzes, sondern auch ausserhalb jeglicher gesellschaftlicher Anerkennung und Legitimation agiert. Wir sehen eine Polizei, die ihre eigenen Werte und Doktrinen auf den Kopf gestellt hat und den einfachen Bürger als ihren potenziellen Feind sieht.


Auf der anderen Seite gibt es Hinweise auf eine völlig fehlende Kontrolle der Polizei gegenüber der Zivil- und Justizgewalt. Die Polizei agiert nicht mehr als untergeordneter Erfüllungsgehilfe der Justiz, sondern hält sich für die Justiz selbst. Grundsätze wie die Notwendigkeit und Verhältnismässigkeit der Gewaltanwendung werden von PolizeibeamtInnen nicht beachtet.


In diesem Moment beobachten wir immer häufiger ein polizeiliches Subjekt, das sich weder an Protokolle und interne Verfahren noch an gesetzliche Vorgaben hält. Es wagt sogar die Überlegung, dass der freie Gedanke eines jeden Menschen bestraft werden sollte, wenn dieser nicht dem entspricht, was als "öffentliche Ordnung" missverstanden wird. Eine vordefinierte Ordnung, die auf keinen gesellschaftlichen Konsens reagiert und die ihre Grundlage in Artikel 101 der Verfassung von 1980 und in operativer Hinsicht im Dekret Nr. 1086 von 1983 hat, beides Normen, die während der zivil-militärischen Diktatur geschaffen wurden.



Es ist also kein Zufall, dass als Konsequenz das Misstrauen der Bevölkerung gegenüber polizeilichen Institutionen zunimmt, was gleichzeitig mit einer verstärkten Forderung nach Achtung der Grundrechte einhergeht.


Auf der anderen Seite nimmt die Verzweiflung der BürgerInnen aufgrund des Gefühls der Verlassenheit und des fehlenden sozialen Schutzes zu. Dies führt dazu, dass sie sich mit Gewalt gegen den Staat und seine Institutionen wehren, welche repressiv und nicht mehr schützend wahrgenommen werden. Daher die Reaktion, nach der Ermordung in Panguipulli, bei der öffentliches Eigentum angegriffen und abgebrannt wurde, unter anderem das lokale Rathaus.


Es gibt keinen Zweifel mehr an der desaströsen öffentlichen Sicherheitspolitik. Es hat sich gezeigt, dass die Berufsausbildung der chilenischen Polizei äusserst prekär ist. Eine Reform und Modernisierung der polizeilichen Institutionen in ihrer Doktrin und ihren Methoden ist dringend erforderlich. Es sei daran erinnert, dass es die Regierung Piñera selbst war, die in ihrem ursprünglichen Regierungsprogramm erklärte, dass diese Reform unabdingbar sei.


Es ist nicht möglich, dass die Polizei doktrinär mit dem Gedanken ausgebildet wird, ZivilistInnen seien ihre Feinde. Die Rolle und Funktion der Polizei muss in der neuen Verfassung neu definiert werden. Wir müssen uns auf einen Karriereleiter*, alle Regeln, Vorschriften und Verfahrensprotokolle überarbeiten, neben anderen Aspekten, um das Vertrauen der Öffentlichkeit in die Polizeiinstitutionen wiederherzustellen. Wir müssen auf die Schaffung eines institutionellen Rahmens hinarbeiten, der voll und ganz einem demokratischen Staat entspricht, der der Exekutive und der Judikative untersteht und der nicht von autoritären Regierungen, wie die derzeitige Regierung Piñera, instrumentalisiert werden kann.





*In Chile werden PolizistInnen unterschiedlicher Ränge in getrennten Schulen ausgebildet. Es gibt keine einzige Karriereleiter, sondern zwei getrennte Wege für die oberen und unteren Ränge. Es ist fast unmöglich, dass normalen StrassenpolizistInnen in die Offiziersebene aufsteigen kann.



Foto 1:
Carabinero disparara 5 veces al cuerpo a malabarista en plena ciudad de Panguipulli (05.02.2021)
https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-55964084 
Foto 2:
Luego de que el sargento de Carabineros Juan González Iturriaga disparara 5 veces a Francisco Martínez Romero, la respuesta de la gente por la muerte del malabarista, fue incendiar la Municipalidad de Panguipulli (05.02.2021)
https://www.ciperchile.cl/2021/02/07/panguipulli-en-llamas/ 
Foto 3:
Panzerwagen des Comando Jungla (Dschungelkommandos) von Piñera gegen die Mapuche in die Region Araukanien (Link verfügbar auf deutsch)
https://www.infodefensa.com/latam/2021/02/09/noticia-carabineros-chile-refuerza-carros-blindados-drones-vigilancia-araucania.html 
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